Basura sin rumbo en Tafí del Valle y El Mollar: el antecedente de Bariloche que enciende las alarmas
La acumulación de residuos domiciliarios en la vía pública volvió a encender las alarmas en Tafí del Valle y El Mollar. Vecinos de la zona denunciaron que el sistema de recolección es insuficiente, precario y desordenado, generando impactos ambientales, sanitarios y una imagen negativa para residentes y visitantes.
17 de enero de 2026
El foco del conflicto está puesto en el uso de carros arrastrados por tractores como contenedores provisorios. Según los testimonios, estos dispositivos no alcanzan para contener el volumen de basura generado, especialmente durante los fines de semana y temporadas de mayor afluencia turística. Durante la noche, animales sueltos rompen las bolsas y dispersan los residuos en la vía pública, provocando suciedad, malos olores y riesgos sanitarios en las calles principales y áreas residenciales.
A esta situación se suma una preocupación mayor: vecinos y turistas advirtieron que en un sector cercano continuaría utilizándose una fosa donde presuntamente se arrojan residuos, pese a que el basural de El Mollar fue anunciado como cerrado de manera definitiva en febrero de 2025.
El escenario local, aunque de menor escala, guarda similitudes preocupantes con lo que ocurre en San Carlos de Bariloche. Allí, el vertedero municipal fue señalado como uno de los 50 basurales más contaminantes del mundo, con más de 40 años de funcionamiento, graves falencias técnicas y un fuerte impacto sobre la salud y el ambiente. El caso de Bariloche expone con crudeza qué ocurre cuando la gestión de residuos se posterga, se improvisa y queda en manos de estructuras sin capacidad técnica ni planificación de largo plazo.
La comparación no es antojadiza. En ambos casos, la basura deja de ser solo un problema operativo y se transforma en un síntoma de algo más profundo: la ausencia de políticas públicas sostenidas, de controles efectivos y, sobre todo, de personal idóneo al frente del sistema.
Especialistas en gestión ambiental advierten que la improvisación en esta materia no es neutra. La falta de contenedores adecuados, de circuitos claros de recolección y de trazabilidad en el destino final de los residuos aumenta el riesgo de contaminación del suelo, del agua y del aire, además de afectar directamente a la salud de la población y al perfil turístico de la región.
Mientras en Bariloche el problema ya es reconocido como una “bomba de tiempo ambiental”, en El Mollar todavía se está a tiempo de evitar un deterioro mayor. Pero para ello resulta indispensable que alguien se haga cargo, que se transparente el funcionamiento real del sistema y que la gestión de residuos deje de ser un parche permanente. Está claro que sin planificación, sin controles y sin gente capacitada, la basura no desaparece: se acumula, se desparrama y termina pasando factura. /Tucumán Digital







