"Era como estar en el infierno": el crudo relato de un veterano tucumano a 44 años de la guerra de Malvinas

Luis Quinteros, excombatiente del Batallón Logístico 9, recordó su llegada a las islas, el impacto del primer bombardeo y la vida en las trincheras bajo condiciones extremas. Durante la entrevista, detalló la maniobra que le permitió escapar de un campo de concentración y reflexionó sobre el proceso de "malvinización" que lleva adelante en la actualidad.
02 de abril de 2026

Luis Quinteros, veterano de la guerra de Malvinas, dialogó con Gabriel Sanzano y León Torrente en el programa La Tucumana de Tarde, emitido por FM latucumana 95.9. Durante la charla, el excombatiente recordó que pertenecía al Batallón Logístico 9, con asiento en Comodoro Rivadavia, y que llegó a Puerto Argentino el 10 de abril de 1982.

Quinteros explicó que, a sus 21 años, inicialmente percibió el despliegue como una "aventura" hasta que el 1 de mayo se produjo el bautismo de fuego con el primer bombardeo inglés. "Ahí nos dimos cuenta en realidad que la guerra era inminente y que había que pensar de otra manera", relató el veterano, cuya unidad tenía la misión de abastecer de municiones, víveres y armamento a la primera línea, además de reparar vehículos y equipos electrónicos.

El entrevistado describió las rigurosas condiciones climáticas de las islas, caracterizadas por un frío húmedo que "calaba en los huesos" y un suelo de turba permanentemente mojado que dificultaba la permanencia en los pozos de zorro. Quinteros detalló que su unidad debió desplazarse en varias oportunidades para evitar los ataques enemigos, pasando del cuartel de los Marines a una cantera y, finalmente, a un taller en la zona del puerto. Hacia el final del conflicto, la situación alimentaria se volvió crítica, reduciéndose las raciones a una sola comida diaria que muchas veces no llegaban a percibir por encontrarse cumpliendo tareas operativas. Sobre los últimos días de combate, Quinteros fue enfático al describir la violencia de los enfrentamientos nocturnos: "Era como estar en el infierno, era una locura".

Tras la rendición del 14 de junio, el veterano fue llevado al aeropuerto de Puerto Argentino, que funcionaba como campo de concentración para los prisioneros. Quinteros relató que logró salir de esa situación tras dos días de cautiverio mediante una maniobra coordinada por su jefe de compañía, quien aprovechó su relación con un piloto de la Cruz Roja para evacuar a 150 soldados fingiendo que estaban heridos. De esta manera, fue trasladado al buque hospital Bahía Paraíso y posteriormente regresó al continente el 20 de junio, coincidiendo con el Día de la Bandera y el Día del Padre.

Al día siguiente, Quinteros partió hacia Tucumán para reencontrarse con sus padres, quienes "ni siquiera sabían que estaba vivo porque no había tecnología". El impacto físico del conflicto era evidente: el veterano relató que tenía "fácil 20 kg de menos" y que se sentía "una piltrafa" al momento de llegar a su hogar. Al verlo, la reacción de su madre fue de pura conmoción y dolor ante su estado: "Mi madre pobrecita me miraba como diciendo 'Sos vos, ¿qué te hicieron? Mirá cómo estás'", recordó con emoción sobre aquel encuentro que marcó su regreso definitivo.

Finalmente, Quinteros se refirió al largo proceso de silencio que atravesó tras la guerra debido al estrés postraumático, una situación que compartió con muchos de sus compañeros hasta que decidió comenzar a dar charlas en escuelas para concientizar a las nuevas generaciones. El excombatiente, que actualmente tiene 66 años y padece hipoacusia postraumática como consecuencia de las explosiones, destacó la "hermandad sincera" que une a los veteranos en todo el país. A través de la agrupación Virgen de la Merced, el veterano continúa su labor de "malvinizar" y rendir homenaje a quienes dieron su vida en el archipiélago, agradeciendo el espacio brindado por el periodismo para contar la verdad sobre lo ocurrido en 1982. /El Tucumano

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