«Si no trabajamos, no comemos»: las duras historias de los jubilados

Tras toda una vida de aportes, cobran la mínima y no llegan a fin de mes. El relato de quienes deben salir a manejar aplicaciones o hacer changas para pagar alimentos.
17 de agosto de 2026

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Aníbal, Ricardo, Graciela y Carlos son apenas algunos de los miles de adultos mayores que, tras toda una vida de trabajo y esfuerzo, se ven obligados a reinsertarse en el mercado laboral para poder subsistir.

La jubilación mínima, que en este mes de agosto de 2026 se ubica en 489.775,92 pesos (sumando un bono extraordinario de 70.000 pesos), ha quedado licuada frente al costo de vida, impulsando a muchos jubilados a buscar «changas», repartir volantes o trabajar en empleos de aplicación.

Historias de esfuerzo y supervivencia extrema

Detrás de las frías estadísticas, hay familias que han tenido que cambiar drásticamente sus hábitos de consumo, endeudarse sistemáticamente y poner el cuerpo en la vejez para cubrir necesidades básicas.

  • Ricardo Chediak (74 años): Toda su vida se dedicó a la carga de materiales para obras públicas y hoy trabaja como chofer de aplicación. «Hay tanta oferta de choferes que el propio algoritmo bajó los precios de los viajes, y ahora para ganar lo que ganaba antes debería estar arriba del auto entre 9 y 12 horas todos los días», explica. Trabajando de 6 a 8 horas diarias, sumado a su jubilación mínima, apenas cubre los gastos fijos. Relata, además, las enormes dificultades para acceder a servicios básicos y a turnos médicos en PAMI, con esperas de hasta cuatro meses.

  • Graciela (Jubilada mínima en Merlo): Se enfrenta a gastos exorbitantes de luz (casi 150.000 pesos mensuales) y garrafa (33.000 pesos). Sus medicamentos ascienden a otros 80.000 pesos, más 10.000 pesos de impuestos. Aunque sus hijos trabajan, la familia debe hacer un «pozo común» y relata una realidad desoladora: «Comen una vez por día, a la noche».

  • Ernesto Aníbal Peñaloza (Casi 70 años): Trabajaba como pintor hasta que severos problemas de rodilla se lo impidieron. Hoy también maneja un auto por aplicación. Cobra la mínima, pero por los descuentos de préstamos que debió tomar, percibe en mano menos de 300.000 pesos. Sale a trabajar todos los días después de las 10 de la mañana para costear sus medicamentos. «A mí me incomoda mucho pedir ayuda a mis hijos», confiesa con dolor.

  • Carlos (74 años): Cobra la mínima, se rebusca como plomero y además reparte volantes en la zona de Villa Domínico. Pese a un problema en el pie y el manguito rotador lesionado, sigue trabajando para pagar remedios (50.000 pesos), garrafa (30.000 pesos) y luz (40.000 pesos). «Termino mal, pero lo hago», asegura, lamentando que PAMI ya no le cubre ciertos insumos, como sus audífonos.

«Si no trabajamos, no comemos. Termino mal físicamente, pero lo tengo que hacer para pagar las cuentas».

Contexto, cifras alarmantes y movilización

La asfixiante situación económica de la tercera edad se da en un contexto de inflación que, si bien marcó un índice de precios al consumidor del 2,1% en julio según el INDEC, sigue golpeando los rubros más sensibles: alimentos y salud.

Un reciente informe elaborado por la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) arroja números preocupantes: 27.000 adultos mayores de 65 años se reinsertaron en el mercado laboral recientemente. Además, la precarización es absoluta: el 61,6% de las mujeres mayores que trabajan lo hacen en la más estricta informalidad.

A la necesidad de trabajar se suma la trampa financiera. Actualmente, 1.345.954 jubilados se encuentran endeudados con prestamistas no bancarios, pagando tasas usurarias para comprar comida o pagar servicios. Esta grave problemática del sobreendeudamiento familiar será uno de los ejes centrales de la marcha convocada para este jueves frente al Ministerio de Economía, organizada en conjunto por la CGT, la UTEP, empresarios pymes y jubilados endeudados autoconvocados. /Enterate Noticias