Finalmente se llega a la misma zona a la que se accede por el atajo: la esquina de avenida Perón y Fanzolato. Desde la Curva de los Vega, el viaje demanda unos 15 minutos, aunque vecinos advierten que en otros horarios puede llevar más tiempo.

Una solución nacida de la necesidad

El uso de la antigua huella no surgió de un plan vial ni de una obra pública. Nació de la necesidad. La expansión urbana de Cevil Redondo, San José y Yerba Buena multiplicó los traslados diarios y convirtió a la ruta 315 en una conexión fundamental entre ambas localidades. En los horarios de mayor movimiento, el flujo puede alcanzar unos 2.000 vehículos por hora.

Alfonso García, vecino del barrio 240 Viviendas, realiza cerca de cuatro viajes diarios para llevar y buscar a sus hijos, que asisten a un colegio de Yerba Buena. Dice que el tramo más complicado es el Camino del Perú, en San José, durante las horas pico. “Salía media hora antes para llegar bien”, relató.

Desde que empezó a usar el camino de la finca, señala que el viaje se volvió más tranquilo. La diferencia no pasa sólo por los minutos que gana, sino por evitar el desgaste de permanecer detenido en largas filas. De todos modos, considera que el paso no es seguro en su estado actual: le preocupan los tramos de tierra cuando llueve y los ingresos y egresos hacia la ruta 315.

Para García, si la conexión va a mantener el uso actual, debería ser acondicionada y ampliada. Pero entiende que el debate de fondo es otro: el Camino del Perú debe adaptarse al crecimiento urbano y al volumen de tránsito que soporta, hasta transformarse en una avenida urbana.

Virginia Lobo, vecina de un barrio cerrado de la zona, también planteó la necesidad de que avance una solución que mejore la conexión entre ambos sectores.

El problema a la vista

El camino de la quinta no soluciona el problema del Camino del Perú. Sin embargo, la diferencia entre ambos recorridos muestra por qué los vecinos comenzaron a utilizarlo antes de que hubiera una obra, un semáforo o una señalización que lo formalizara.

La cuestión es que esa huella tampoco fue preparada para recibir el tránsito que ahora empieza a soportar. Los seis minutos del atajo no sólo muestran el tiempo que puede ahorrar un conductor: también revelan el peso de la congestión en una ruta que, en ciertos horarios, ya no logra absorber la circulación de los barrios que crecieron a su alrededor.

Mientras continúa la discusión sobre una respuesta formal para conectar Cevil Redondo con Yerba Buena, los vecinos deben optar entre un camino con infraestructura más segura, pero lento y congestionado, y otro veloz, informal, de tierra y con riesgos propios. /Contexto