La tristeza de ver desaparecer los pinos que forman parte de la historia de Yerba Buena

Una carta abierta expresó el dolor por la tala de pinos de más de 60 años en un predio comercial de avenida Aconquija al 1799. El reclamo pone en palabras la preocupación de quienes eligen Yerba Buena por su verde, sus árboles y su calidad de vida.
11 de octubre de 2026

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Cuando el verde de Yerba Buena empieza a desaparecer

Yerba Buena es mucho más que un lugar para vivir. Para muchos, es la sombra de sus árboles, las veredas arboladas, el aire del cerro y esos espacios que, con el paso de los años, se vuelven parte de la historia de toda una comunidad.

Por eso, la tala de pinos históricos en el predio de un shopping ubicado sobre avenida Aconquija al 1799 despertó tristeza e indignación.

Los árboles tenían más de 60 años y ya daban sombra a jugadores y espectadores cuando en el lugar funcionaba solamente una cancha de fútbol, con el viejo frigorífico al fondo.

No eran simplemente árboles. Eran parte de un paisaje que acompañó durante décadas a quienes crecieron, jugaron o compartieron momentos en ese lugar.

¿Qué lugar ocupa el medioambiente frente a los intereses comerciales?

La carta también cuestiona que la intervención se haya realizado con mano de obra municipal, supervisión de EDET y resguardo policial, según el relato de su autor, en el marco de la remodelación de un shopping.

A partir de lo ocurrido, plantea preguntas sobre las normas que regulan el arbolado, los espacios verdes y la planificación urbana de Yerba Buena.

“¿De qué sirve anunciar un Nuevo Código de Planeamiento Urbano si ante un proyecto comercial se firman excepciones que destruyen nuestro entorno? Si permite esto, fue puro humo. Lo viejo funcionaba mejor”.

El reclamo va más allá de una obra puntual. Expresa la preocupación por el modelo de ciudad que se construye y por el riesgo de perder, en nombre del crecimiento comercial, aquello que hace de Yerba Buena un lugar elegido por su entorno natural.

Un reclamo para que no vuelva a pasar

El autor reconoce que lo sucedido ya no puede revertirse, pero decidió hacerlo visible con la esperanza de que no se repita.

“No todo tiene precio; la ecología y el medioambiente son valiosísimos”.

La frase resume el sentimiento que atraviesa la carta: la idea de que hay cosas que no se recuperan simplemente plantando un árbol nuevo, porque también se pierde el tiempo que ese ejemplar necesitó para crecer y convertirse en parte de la vida de un lugar.

La preocupación es, en definitiva, por la Yerba Buena que se quiere dejar a las próximas generaciones. Una ciudad donde el progreso no signifique necesariamente menos árboles, menos sombra y menos espacios verdes.

El mensaje final de la carta es también un deseo compartido por quienes sienten un vínculo especial con la ciudad:

“¡El verde de Yerba Buena se preserva!”.