EEUU pide cambios en la Ley Malvinas por el impacto en sus empresas e inversiones en la Argentina

18 de octubre de 2026

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El Gobierno de Estados Unidos expresó su preocupación por el alcance del proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional y planteó que las sanciones previstas podrían afectar a compañías norteamericanas con vínculos directos o indirectos con actividades en las Islas Malvinas. En Washington advierten que, si la iniciativa avanza sin modificaciones, podría convertirse en un obstáculo para nuevas inversiones en Argentina.

La discusión se da mientras la administración de Javier Milei busca profundizar su relación con el gobierno de Donald Trump y promover proyectos de inversión en sectores como energía, minería, transporte e infraestructura. En ese contexto, la propuesta vinculada con la cuestión Malvinas abrió una diferencia entre los objetivos diplomáticos del Gobierno argentino y los intereses económicos que Estados Unidos busca proteger.

La principal inquietud transmitida desde Washington no estaría centrada en el reclamo argentino de soberanía sobre las islas, sino en las consecuencias que tendría el régimen de sanciones contemplado en el proyecto. La iniciativa prevé penalidades para empresas que operen en el Atlántico Sur y también podría alcanzar a sus filiales, proveedores, intermediarios financieros y accionistas.

Ese alcance podría comprometer a compañías que no tienen una operación directa en las islas, pero participan de su cadena de financiamiento o mantienen inversiones en firmas vinculadas con actividades en la zona. Como ejemplo, el debate incluye el posible impacto sobre grandes fondos de inversión con sede en Estados Unidos que tengan participaciones en esas empresas.

Funcionarios estadounidenses habrían transmitido al Gobierno argentino que algunas compañías recibieron notificaciones sobre los efectos que podría tener la ley. La preocupación, según esas conversaciones, es que las sanciones generen incertidumbre para las empresas y terminen afectando las decisiones de inversión y comercio con Argentina.

En los intercambios diplomáticos se habrían planteado dos alternativas. La primera sería frenar el avance del proyecto para evitar que se convierta en ley. La segunda consistiría en modificar su alcance y limitar las sanciones, de modo que las empresas estadounidenses no queden expuestas a penalidades por sus vínculos indirectos con operaciones en las islas.

La discusión también habría generado diferencias dentro del Gobierno. Un sector considera que el proyecto podría tener un costo en la relación con un socio estratégico y afectar inversiones que la Casa Rosada intenta atraer. Otros defienden mantener la iniciativa como una señal política sobre la posición argentina respecto de Malvinas y rechazan introducir cambios que puedan interpretarse como una concesión a Washington.

El tema podría integrar la agenda de una próxima visita de funcionarios del Departamento de Estado a la Argentina. Entre los nombres mencionados figuran Christopher Landau, subsecretario de Estado, y Juan Pablo Segura, funcionario de esa cartera para los asuntos del hemisferio occidental. La visita habría sido conversada entre las autoridades de ambos países.

La controversia se produce, además, en medio de las gestiones para anunciar inversiones estadounidenses en Argentina. Entre los proyectos mencionados aparece el denominado Corredor Andes-Atlántico, una iniciativa de infraestructura vial, ferroviaria y portuaria que tendría una inversión estimada de entre 6.000 y 7.000 millones de dólares y buscaría facilitar el traslado de recursos hacia los puertos argentinos y del Pacífico.

También habría una veintena de proyectos de empresas norteamericanas en evaluación. Las propuestas estarían concentradas en energía, aunque incluirían iniciativas relacionadas con trenes de carga, puertos y desarrollo digital. La llegada de esos capitales depende de decisiones que todavía deben ser definidas por las autoridades y las compañías involucradas.

En la relación bilateral también pesa la postura estadounidense sobre la soberanía de las islas. Aunque Donald Trump realizó declaraciones que generaron expectativas en Argentina, la posición oficial de Estados Unidos continúa siendo de neutralidad entre Buenos Aires y Londres. Por ahora, no se anunció una intervención ni una mediación de Washington en el diferendo.

El vínculo entre Milei y Trump tiene, al mismo tiempo, una dimensión política. En Washington observan el escenario electoral argentino y consideran que la evolución de la economía será determinante para las posibilidades del oficialismo en 2027. La pérdida de ingresos, el empleo precario y las dificultades de sectores productivos aparecen entre los factores que podrían incidir en esa contienda.

El apoyo de Estados Unidos al Gobierno argentino ya tuvo un antecedente reciente en el plano financiero. En 2025, la administración republicana intervino en el mercado local mediante un acuerdo de intercambio de monedas por 20.000 millones de dólares, en medio de la tensión cambiaria posterior a la derrota oficialista en las elecciones bonaerenses. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dejó abierta la posibilidad de que Washington vuelva a respaldar a Milei si la situación lo requiere.

Sin embargo, no hay una definición pública sobre si ese eventual apoyo se concretaría mediante un mecanismo similar o con otras herramientas. La discusión sobre la Ley Malvinas agrega así un nuevo punto de tensión a una relación que combina respaldo político, expectativas de inversión y diferencias sobre el alcance de las sanciones a las empresas que operan en el Atlántico Sur.

Para la Casa Rosada, el desafío será sostener el reclamo de soberanía y, al mismo tiempo, evitar que la iniciativa afecte los proyectos económicos que busca concretar con Estados Unidos. La decisión sobre el futuro del proyecto podría marcar el tono de las próximas conversaciones entre ambos gobiernos. /Contexto