El día que una multitud desafió el calor para ver al Papa: a 39 años de la histórica visita de Juan Pablo II a Tucumán

La inminente llegada de León XIV a la Argentina, prevista para el 8 de noviembre, revive el recuerdo de una jornada que quedó grabada en la historia tucumana. El 8 de abril de 1987, Juan Pablo II aterrizó en el aeropuerto Benjamín Matienzo y encabezó una multitudinaria celebración religiosa ante miles de fieles que soportaron temperaturas extremas para recibirlo.
04 de noviembre de 2026

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La Argentina se prepara para recibir al papa León XIV, quien llegará al país el próximo domingo 8 de noviembre en el marco de una gira apostólica por Sudamérica. Su visita se extenderá hasta el miércoles 11 e incluirá actividades en Buenos Aires, Córdoba y Luján. El acontecimiento marcará el regreso de un pontífice al territorio argentino después de 39 años y trae a la memoria la histórica visita de Juan Pablo II a Tucumán, el 8 de abril de 1987.

El itinerario de León XIV comenzará en Buenos Aires, donde será recibido oficialmente y mantendrá un encuentro con el presidente Javier Milei. El lunes 9 visitará el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole y celebrará una misa multitudinaria en el Monumento a los Españoles, en Palermo. El martes 10 viajará a Córdoba para presidir una celebración religiosa y reunirse con representantes de la Iglesia, antes de regresar a la Capital Federal para participar de una vigilia con jóvenes.

Finalmente, el miércoles 11 visitará un establecimiento penitenciario y encabezará una misa frente a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, antes de partir hacia Perú.

Aunque Tucumán no figura entre los destinos de esta nueva visita papal, la llegada de León XIV permite recuperar uno de los acontecimientos religiosos más importantes que vivió la provincia: aquella tarde de abril de 1987 en la que Karol Wojtyla, Juan Pablo II, se convirtió en el primer Papa en pisar suelo tucumano.

El 8 de abril de 1987: una jornada histórica para Tucumán

Era miércoles y el otoño apenas se hacía sentir. Desde las primeras horas del día, miles de personas comenzaron a movilizarse hacia el aeropuerto internacional Benjamín Matienzo, en Cevil Pozo. Familias enteras, jóvenes, ancianos y peregrinos provenientes de distintos puntos del noroeste argentino buscaban conseguir un lugar desde donde observar al pontífice.

La expectativa era enorme. Por primera vez en la historia, el máximo representante de la Iglesia católica llegaría a Tucumán. Muchos fieles habían pasado la noche en las inmediaciones del aeropuerto, mientras otros recorrieron varios kilómetros a pie para participar del encuentro.

El calor se convirtió en uno de los grandes protagonistas de aquella jornada. Según las reconstrucciones periodísticas de La Gaceta, la temperatura máxima alcanzó los 33,5 grados, con una sensación térmica superior a los 40 y una humedad del 86%. El sol castigaba a una multitud que aguardaba desde hacía horas.

Los bomberos intentaban aliviar a los asistentes lanzando chorros de agua sobre el público, mientras los puestos sanitarios atendían a personas descompensadas por las altas temperaturas.

A pesar de las dificultades, los fieles permanecieron en el lugar. Los rezos, los cánticos y las banderas acompañaban una espera que terminaría convirtiéndose en una de las escenas más recordadas de la historia reciente de Tucumán.

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La llegada de Juan Pablo II y los 105 minutos que quedaron en la memoria

A las 16.23, el avión presidencial Tango 02 aterrizó en el aeropuerto Benjamín Matienzo. Juan Pablo II descendió de la aeronave y fue recibido por las autoridades eclesiásticas y civiles.

La visita duró apenas 105 minutos, pero alcanzó para movilizar a decenas de miles de personas.

La cantidad exacta de asistentes nunca quedó establecida. Las crónicas de la época ofrecen estimaciones muy diferentes: La Gaceta y el diario La Razón calcularon alrededor de 50.000 fieles, mientras que otros medios nacionales hablaron de entre 70.000 y 130.000 personas. La comisión organizadora elevó la estimación hasta los 140.000 asistentes.

Más allá de las diferencias, todas las reconstrucciones coinciden en la magnitud de la convocatoria.

Frente al aeropuerto se había levantado un gran escenario desde el cual el Papa encabezó una celebración de la Palabra. La multitud lo recibió con aplausos, banderas y expresiones de emoción.

Una crónica publicada  al cumplirse 30 años del acontecimiento recuperó que el mensaje del pontífice fue interrumpido una veintena de veces por los aplausos de los presentes.

El propio Juan Pablo II hizo referencia a las condiciones climáticas. Con una expresión de humor, reconoció que los tucumanos estaban más acostumbrados que él a semejante calor.

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El mensaje del Papa en la Cuna de la Independencia

Durante su homilía, Juan Pablo II destacó especialmente el valor histórico de Tucumán y su importancia en el nacimiento de la Argentina como nación independiente.

El pontífice hizo referencia a la identidad de los habitantes del norte argentino, al amor por la patria y a la responsabilidad de preservar la libertad y las tradiciones culturales.

Su mensaje estuvo atravesado por una convocatoria a la unidad, la solidaridad y la responsabilidad de los ciudadanos en la construcción del futuro del país.

La visita se produjo durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en una Argentina que había recuperado la democracia menos de cuatro años antes y que todavía atravesaba importantes desafíos políticos, económicos y sociales.

En ese contexto, las palabras del Papa adquirieron una dimensión que trascendió lo estrictamente religioso.

Juan Pablo II alentó a los argentinos a fortalecer sus familias, cumplir con sus responsabilidades y trabajar por una sociedad basada en la paz y la concordia.

Uno de los pasajes más recordados de su mensaje fue una exhortación que sintetizó buena parte de su discurso: “¡Creced en Cristo! ¡Amad a vuestra Patria!”

También expresó su esperanza en las nuevas generaciones y en la capacidad de los argentinos para construir un futuro mejor.

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El momento en que rompió el protocolo para saludar a los fieles

Uno de los episodios más emotivos ocurrió cuando la celebración estaba llegando a su fin.

Según las crónicas periodísticas de la época, Juan Pablo II descendió las escalinatas del escenario y se acercó a la multitud para estrechar las manos de los fieles que intentaban saludarlo.

La escena provocó una fuerte reacción entre los presentes. Después de largas horas de espera, muchos tucumanos tuvieron la posibilidad de observar al Papa a pocos metros de distancia y algunos incluso pudieron tocar sus manos.

Años después, el periodista y fotógrafo Daniel Salvador recordó el esfuerzo que había significado llegar hasta el aeropuerto. En su relato describió los caminos repletos de peregrinos, las mujeres que caminaban con sus hijos en brazos, los ancianos y los jóvenes que ayudaban a quienes tenían dificultades para desplazarse.

Aquellas imágenes permiten reconstruir la dimensión humana de una jornada en la que la expectativa religiosa transformó por completo la rutina de la provincia.

El entonces arzobispo de Tucumán, monseñor Horacio Bózzoli, calificó la recepción del pueblo tucumano como hermosa, multitudinaria y piadosa.

La llegada de Juan Pablo II a Tucumán formó parte de su segunda visita a la Argentina.

La primera había ocurrido en junio de 1982, en plena guerra de Malvinas. En aquella oportunidad, el pontífice permaneció alrededor de 48 horas en el país, con un mensaje centrado en la paz y el fin del conflicto bélico.

Durante ese viaje quedó planteada la posibilidad de regresar para realizar una visita pastoral más extensa.

La oportunidad llegó en abril de 1987, cuando Juan Pablo II recorrió diez ciudades argentinas: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.

El viaje también estuvo vinculado con la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires, uno de los acontecimientos centrales de aquella gira.

En Tucumán, la presencia del pontífice adquirió un significado particular. No se trataba solamente de recibir a una figura internacional, sino de participar de un acontecimiento sin precedentes para la comunidad católica provincial.

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Un recuerdo que vuelve 39 años después

La visita de Juan Pablo II quedó registrada en fotografías, crónicas periodísticas y testimonios de quienes participaron de aquella jornada. Las imágenes del aeropuerto colmado, los fieles bajo el sol y el Papa saludando a la multitud forman parte de la memoria colectiva tucumana.

El pontífice, que falleció en 2005 y fue canonizado en 2014, nunca volvió a visitar la provincia. Aquellos 105 minutos del 8 de abril de 1987 siguen siendo, hasta hoy, la única ocasión en la que un Papa estuvo en Tucumán.

Ahora, a 39 años de aquel acontecimiento, la inminente llegada de León XIV a la Argentina vuelve a poner en primer plano el recuerdo de una tarde que marcó a generaciones de tucumanos.

Mientras el país se prepara para recibir nuevamente al líder de la Iglesia católica, Tucumán conserva en su historia aquella multitud reunida en Cevil Pozo, el calor agobiante y la emoción de miles de personas que pudieron ver de cerca a Juan Pablo II. /Contexto